Esta mujer que ahora me mira de reojo
pintando una acuarela de negro sobre rojo
con el dulce arabesco de un liguero de encaje
y el cabello que baila en ardiente oleaje;
Esta mujer que rompe las rejas de prisiones,
y ve los sentimientos tras de los corazones
en donde otros contemplan tristes monstruos de feria,
y levantó su casa sobre antros de miseria;
Esta mujer que grita, que me aprieta en sus piernas,
que acaricia mis versos, que devora mi esperma,
y al final me permite que descanse el resuello
en la almohada que empieza donde acaba su cuello;
Esta mujer que sopla la espuma de mis días
guardándome momentos en cajitas vacías,
y gestiona con tino los recursos escasos
regalando más vino del que cabe en su vaso;
Esta mujer tan cierta, tan mujer, tan inmensa,
que tan erróneamente me admira, porque piensa
que cabalgo palabras brillantes como estrellas,
ha de tener por cierto que lo mismo que aquella
luna de lucir yerto que del astro es espejo
esta luz es reflejo
de la luz que da ella.



