mardi 26 mai 2009

POEMAS: de "MECÁNICA PLANETARIA"


NIÑA DE LA CUEVA.




Niña de la cueva,
los campos azules
de encima de techo de mundo gigante
estar ya despiertos.

Grandes y tan bellos.

Los toros de nieve cambiantes
cabalgar al alba

jinetes de fuego sentados en ellos

dejar olvidadas sobre nuestra tierra
muchas cosas nuevas.

Y si tú dejarme

cogida de pelo de sol
yo llevarte
a descubrir ellas.


Niña de la cueva.


Niña de la cueva,
yo ser no valiente.

Yo hombre no firme.

Cachorro.

No fiera

de afilados dientes.

Todos de mi gente:
Cobarde,
decirme,

porque tener miedo
cuando después rojo final de los días

arriba
en oscuro

grande bestia negra de nombre “Futuro”

guiñarme mil ojos.

Y yo tener claro que yo ser no fuerte.
y yo tener claro que ser no guerrero.
que fácil por muchos asustarme
pero

sin duda
sin miedo

yo manos desnudas subir lejos,
fuera

a cazar de cena la carne del cielo
si tú tener hambre,


Niña de la cueva.

Porque,
por tú verme,
caminar erguido
y quitar con agua maloliente lodo de mi piel,
y solo
para tú contarte
guardar muchas cosas aquí donde frente,
saber de corrido el nombre de todo.

Y aunque por ser débil
y ser poca cosa
y no ser capaz de cazar ni una cabra,
no tener yo piel para hacer tú vestido

Niña de la cueva
para que tú hermosa
yo tallar tú estas piedras preciosas
llamadas “palabras”.

Y cuando los miedos agarrarme el pecho
y el frío azotarme en agujero estrecho
que yo llamo cama
Sentirme valiente,
sentirme caliente
por saber que

yo

No querer mañana

No querer planetas. No querer cohetes.
No querer ciudades. No querer antenas.
No querer la bomba, la radio, la tele.
No querer tejanos.
No querer motores.
No querer el nylon.
No querer la imprenta.
No querer comercio.
No querer las leyes.
No querer la banca.
No querer polea.
No querer palanca.
No querer el templo.
No querer moneda.
No querer la espada, no el cuero, no el arte.
No querer el hierro.
No querer la rueda.
No querer el habla.
No querer el fuego.

No querer ser hombre.

No querer ser nada



si tú no quererme






Niña de la cueva.

lundi 4 mai 2009

SEMANA MILENARISTA: FLASH INFORMATIVO 9


EPÍSTOLA A LOS PARANOICOS por Lord Omar.


1-Os habéis encerrado en jaulas de miedo...y mirad! ¡Ahora os quejáis de que os falta LIBERTAD!.


2-Tomásteis a vuestros hermanos por demonios y ahora os lamentáis, y les echáis en cara que os hayan dejado solos en la lucha.


3-Todo el Caos fue una vez vuestro reino (...), pero ahora os arrastráis asustados por esquinas oscuras, agujeros y cloacas.


4- ¡Oh cómo las oscuridades se agolpan, una contra otra, en vuestros corazones! ¿Qué podéis temer que sea peor que lo que ya habéis causado?


5-En verdad en verdad os digo que ni todos los Siniestros Ministros de los Illuminati de Baviera, trabajando juntos en multitudes, podrían emponzoñar más la tierra con tribulaciones de lo que lo han hecho vuestras alarmas infundadas.


de "Principia Discordia, the Magnum Opiate of Malaclypse the Younger." (1965)

SEMANA MILENARISTA: FLASH INFORMATIVO 8


Liniers, hablando de temas sin ninguna relación.

dimanche 3 mai 2009

SEMANA MILENARISTA: POEMAS de "MUERE SONRIENDO"



ALTO Y CLARO.

En un suburbio obrero de Tailandia
una madre enganchada al detergente
entrega su perfume de seis años
a cambio de dos crómos
a un hombre procedente de Alemania
que celebra contento que ha cerrado
con el stegosaurio que gobierna
un negocio de tráfico de flores.


En una iglesia de Tegucigalpa
un miembro del concilio vaticano
les ordena a sus fieles elefantes
que bailen el bimbó a la pata coja,
más se guarda el detalle decisivo
de que en privado y en secreto
gusta
de untarles a los paragüeros chinos
coliflor con benzol en los bigotes.


Y nadie sabe lo que piensa un caldero.


Y nadie llora si se muere un zapato.


Y a nadie importa lo que sueña un guisante,
lo que cuesta una uña,
lo que sufre un tornillo.


Y nadie sabe lo que dura un lagarto.


Y nadie entiende lo que dice un romboide,

y hace mucho que ya nadie recuerda
qué significa: "GATO".


En una callejuela de Brasilia
un joven que no tiene mayonesa
se perfora las castigadas venas
con un tallo de apio,
mientras dos calles más abajo, un hombre
se afana por guardar en su palacio
hecho de mondadientes y de bragas
todos los gnomos de jardín que pueda.


En los campos resecos de Rwanda
aviones alquilados por un trébol
dejan caer encima de una aldea
millones de narices de payaso,
en el momento en que con saltamontes
dos niños Neoyorkinos se pelean
por pintar más chorizos de morado
en la pantalla de su video-juego.


Y nadie sabe lo que pesa un eructo.


Y nadie llora si se muere una ameba.


Y a nadie importa lo que sueña un pingüino,
lo que cuesta un ombligo,
lo que sufre un sombrero.


Y nadie sabe lo que dura un segundo.


Y nadie entiende lo que dice un tornado.


Y hace mucho que ya nadie recuerda
qué significa nada.