mardi 28 avril 2009

SEMANA MILENARISTA:¡¡QUÉ TITULARES LOS DEL QUÉ!!(1)

Me ha costado sangre, sudor y lágrimas conseguirlo. Ríos de tinta. Un huevo y parte del otro. Desde que a primera hora de la mañana me saltase a la cara sin ni siquiera dar los buenos días, el muy ladino había decidido ocultarse como si su misión estuviese completa sólo con proporcionarme la idea para esta semana dedicada al miedo corporativo. Pero yo quería más. Lo quería entre mis manos. Lo quería en mi blog. Quería iniciar con él una serie de posts dedicados a él y a sus descendientes. Y a todos sus muertos, de paso. No pude evitar pensar en él durante todo el día, y tampoco buscarlo sin éxito en el vagón de metro en el que regresé del trabajo. Pero no aparecía.

Habiendo casi considerado causa perdida mi búsqueda, con un escalofrío de emoción lo volví a ver un par de asientos más allá cuando cogí el metro a eso de las veinte cero cero. Se pavoneaba orgulloso en las manos de un inmigrante caucasiano, manteniéndose cerca, poniéndome la miel en la boca, pero sin dejarse atrapar aún. Esperé infructuosamente a que su nuevo dueño lo dejase tirado para poder hacerme con sus hechuras, pero tampoco ésto sucedió. A través del cristal lo observé caer en una papelera del andén de O´Donell, sin poder hacer nada, mientras el metro se ponía en marcha y me volvía a alejar de su rastro. Cagontó.

Deprimido, fracasado, regresé dos horas más tarde a casa en el gusano subterráneo ya sin niguna esperanza. Con un empujón brusco la puerta metálica me escupió en Legazpi y comencé cabizbajo mi camino hacia el triste exterior.

Por el rabillo del ojo observé un guiño rojizo en la papelera que me era MUY familiar.

Corrí hacia allí sin ningún miramiento, sin ningún tipo de controlador social que me lo impidiese. igual que un indigente hambriento revolví las nutridas capas de basura. ¡Sí!¡Ahí estaba!¡Era real!. Temblando de ansiedad lo saqué de su prisión y limpié con la manga las manchas de chorizo que lo cubrían. Lo alcé hacia la luz. Lo miré y remiré y me froté la cara con él para asegurarme de que no iba a desvanecerse como un sueño. Y no lo hizo. Tras un día de safari periodístico solo comparable al del mismo Stanley tenía por fin entre mis manos, presto a ser escaneado, el titular del día:



Ya. Está. Aquí. Tres palabras. Tres puñaladas traperas a nuestra falsa sensación de seguridad proporcionadas con gesto amigable por "El Hombre Que Escribe Los Titulares Del Que!" (a partir de ahora "EHQELTDQ"). Diez manchas de negro sobre blanco con curiosas formas que representaban una ruptura absoluta con el periodismo clásico. Que daban un paso crucial para la humanidad en la ansiada conversión del trabajo de informador de multitudes en el de feriante de masas. Ole tus huevos, "EHQELTDQ" (a partir de ahora "Hombre-Qué!"), me dije, porque has logrado condensar en diez caracteres, en escasos centímetros, la finalidad de esta terrorífica semana infinitamente más de lo que este pobre juntaletras puede hacer. Porque...¿Quién necesita el "¿Qué dijo quién a qué otro cuándo por qué canal?"?¿Quién necesita la pirámide de información?. ¿A quién se le puede ocurrir pensar en un público medianamente inteligente y capaz de procesar mensajes complejos cuando se puede jugar a ser la niña de Poltergeist?. Desde luego, a nuestro seguro servidor "Hombre-Qué!" (a partir de ahora "Qué!-man"), no.



No me cabe duda de que ahora mismito, en algún búnker super-secreto bajo la ciudad, nuestro buen amigo "Qué!-man!" (a partir de ahora "What!-man!") cierra su ordenador portátil y sonríe. Sonríe porque sabe que muy pronto la enfermedad y la ponzoña invadirán las calles como una marea bíblica y los cadáveres se contarán por centurias. Y entonces nosotros, pobres de nosotros, nos giraremos suplicantes hacia él y gritaremos:



"¡¡¡¿¿¿PERO YA ESTÁ AQUÍ QUIÉEEEEEEN???!!!"





Y Él contestará:

"No."



"Quién no."









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